Deportes

LO QUE BIELSA ME HIZO PENSAR SOBRE EL PERIODISMO DEPORTIVO

Por: Angélica Mahecha Uribe
Comunicadora Social – Periodista

Este texto iba a comenzar de otra forma: citando alguna “locura” del profesor Marcelo Bielsa. Mi intención inicial era hacer un recuento de lo más valioso de Los 11 Caminos al Gol, un libro que recoge algunos de los conceptos más significativos del fútbol en su vida.

Sin embargo, al terminar la lectura, entendí que allí hay algo más profundo: enseñanzas sobre la vida a través del fútbol. Mi cabeza dio un vuelco y decidí evitar los lugares comunes, tan populares hoy en día y, a su vez, tan peligrosos para el debate.

Entonces, comenzaré por algo más íntimo: mi historia como periodista en Ibagué.
—¿Y esto qué tiene que ver con Bielsa? —pensarán algunos.

En realidad, mucho. Subrayando cada página de este libro, descubrí que, siguiendo esta guía “bielsista”, los pasos que di en mi camino como periodista deportiva eran correctos, aunque hoy ya no lo esté transitando.

Para empezar, hay que tener claro: Ibagué no es una ciudad deportiva, y mucho menos futbolera. Aquí, los deportistas y entrenadores locales hacen esfuerzos descomunales para ser vistos y apoyados por el político de turno.

En la “Ciudad Musical” no se respira deporte; y vivir de él es casi imposible. Lo digo con la certeza de haber dedicado una década de mi vida a esta profesión y hoy observarla desde la barrera.

Desde mis 21 años viví el sueño de estar en un medio de comunicación, pasando por experiencias gratificantes y enriquecedoras, conociendo gente talentosa, respetando a los “mayores” del oficio, haciendo trabajo de campo y, sobre todo, aprendiendo qué está bien y qué no; algo que hoy resumiría en una sola palabra: decencia.
Siempre guiada también por la ética que me enseñó mi profesor de deontología periodística en la Universidad del Tolima, Carlos Quimbayo.

Y es que, como dice Bielsa: “En cuanto al fútbol, los medios de comunicación no educan a la gente, no enseñan, porque no son especialistas; al contrario, juegan con la emoción, y eso cambia la percepción de las personas”.

Esta premisa me llevó a pensar sobre el difícil panorama del periodismo en una ciudad que, además de no respirar deporte, ya no cuenta con medios tradicionales: esos que, por historia y trayectoria, mantenían encendido el faro de la credibilidad y el respeto por esta profesión.

Atrás quedó todo eso. Hoy, el consumo de información se volcó a las redes sociales; y ni siquiera podemos decir que las páginas web estén teniendo éxito.

La limitación de caracteres para que un contenido resulte atractivo hace que las buenas plumas se silencien. Termina sonando más el ruido de quienes prefieren discutir con personas y no debatir ideas, sin importar —como dijo “el loco”— que eso los mantenga “atentos, pero desinteresados”.

Y siendo el fútbol un tema tan popular, lucrativo y atractivo para las masas, en este escenario, la radio sobrevive, sostenida por algunos periodistas de trayectoria que se aferran a su barco y que, al mismo tiempo, se apoyan en el talento joven para no quedarse atrás frente al ritmo frenético de las nuevas tecnologías.

Ellos hacen valer sus credenciales, sobre todo donde se concentra el poder. No hay otra forma de resistir.

Este panorama también me lleva a pensar en la academia, que sigue formando comunicadores en masa, como si el mercado laboral fuera infinito, sin que exista un campo laboral estable que les garantice un empleo digno y acorde con sus capacidades.

Un solo equipo profesional, una región poco futbolera, un campo laboral reducido y un exceso de mano de obra calificada: a primera vista, nada de esta combinación parece sostenible.

Sin embargo, pese a este escenario desalentador, hay algo que siempre debe prevalecer: LA DECENCIA.
En este punto, vale la pena retomar una idea de Bielsa sobre su relación con el periodismo, que claramente no es la mejor.

¿Qué hace el periodista cuando los canales de información de un equipo —el único de la región— se cierran o limitan el acceso? ¿Cómo comunicar si uno de los principios del periodismo es no hablar de lo que no se ve o no se puede comprobar?

Entonces, ¿qué se informa?

Para Bielsa, es una vergüenza que, ante la falta de información, el periodista invente o exagere hechos en busca de espectacularidad. Desde su rol de entrenador, propone “gobernar la ansiedad y admitir cuando no se conoce la información”.

Pero esa es su postura como técnico.
¿Cuál debe ser la del comunicador?

No es un reto fácil. En mi experiencia con el Deportes Tolima, tuve la fortuna de acceder a entrenamientos, interactuar con jugadores y construir contenidos con enfoque propio.

Hoy, todo ha cambiado. Quienes ejercen la reportería deben crear estrategias diarias para obtener información más allá de lo evidente. Consolidar una fuente es difícil; que sea confiable, aún más.

Entonces, ¿qué ofrecerle a una audiencia que espera novedades constantes?
En medio de esta adversidad, solo queda respetar profundamente la labor de los periodistas deportivos de Ibagué que insisten en ser decentes y en ejercer su oficio con responsabilidad.

Porque cada quien debe asumir su rol: el hincha, el entrenador, el jugador, el empresario y el periodista. Todos viajan hacia un mismo destino, pero con “maletas” distintas.

No hay que confundirse de camino, incluso cuando parece que todos tienen vía libre: La mejor discusión es la que se da con ideas, no con personas.

Finalmente, vuelvo al libro que motivó estas reflexiones. Más allá del fútbol, Bielsa invita a sostener principios y a entender algo esencial: que el valor de lo que hacemos no está en llegar, sino en cómo decidimos hacerlo.

Porque al final, como en el fútbol y en la vida, la forma también es el fondo.

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